3 mar 2026

 


LA VOZ DETRÁS DE LA PLUMA SEBASTIÁN G. SANCHO

 

Hoy, en «La voz detrás de la pluma», nos acompaña Sebastián G. Sancho. Bienvenido y gracias por aceptar compartir parte de tu valioso tiempo con nosotros. Empecemos.

 

¿Qué te inspiró a convertirte en escritor?

 

No hubo inspiración, sino necesidad de contar historias. Darle una salida, como válvula de escape, a todas esas inquietudes que surgían en mi cabeza y que, sentía, no podían morir ahí.

 

 

¿Cómo nace una historia en tu mente? ¿Empiezas por un personaje, una idea o una escena?

 

La mayoría de las veces, por una imagen. Supongo que eso me viene de mi faceta como ilustrador. Veo una imagen y pienso «¿Cómo ha llegado hasta ahí?». Aunque mi otra faceta de músico también me hace encontrar inspiración en las letras y las melodías. Sabina, por ejemplo, puede darte cien por cada una de sus canciones.

 

 

¿Qué parte del proceso creativo disfrutas más y cuál menos?

 

La que más, al contrario que la mayoría, es la reescritura. Soy de ir mucho al detalle y esa es la parte del proceso que te permite serlo. Y, por contra, y por lógica, la que menos es la página en blanco por los mismos motivos. Soy así de raro.

 

 

¿Cómo manejas el bloqueo del escritor cuando aparece?

 

Pues aún estoy en proceso de aprender a manejarlo. Pero hablar ayuda mucho. Suelo hacerlo mucho con otro amigo escritor, Leonardo Jiménez, y con mi esposa. Les cuento mi idea, mi inquietud, las propuestas... y, por regla general, sus aportaciones me ayudan a salir del bloqueo.

 

 

¿Cuál ha sido el mayor reto que has enfrentado como escritor?

 

Perder la ilusión. Los premios literarios son un arma de doble filo: pueden encumbrarte o hundirte y hacerte pensar que no vales para eso. Y eso es un error enorme. Hay que andarse con ojo, porque incluso encumbrándote, pueden hacerte llegar a creer que eres mejor de lo que realmente eres. Los halagos son casi tan peligrosos como los palos.

 

 

¿Qué libro o autor ha influido más en tu estilo literario?

 

No solo uno. Pero si tuviera que elegir, sería Carlos Ruiz Zafón. Soy ilustrador, y él tenía una manera maravillosa de describir los paisajes, casi como si fuesen una acuarela. Y mantenía un ritmo perfecto sin perder un ápice de esa prosa preciosista de antaño y que tanto me apasiona. Es que era un genio.

 

 

¿Cómo fue la experiencia de publicar tu primer libro?

 

Pues sufrí, literalmente, una catarsis; de repente, me quité un peso de encima por algo tan simple, y a la vez tan complejo, como dejar una pequeña huella en el mundo a través del tiempo.

 

 

¿Hay algún género que te gustaría explorar en el futuro y que aún no has intentado?

 

Me da un poco de rabia eso de las etiquetas, porque mis obras siempre se sustentarán del suspense y el terror psicológico, pero eso es algo que cabe en cualquier género, si lo piensas. Pero, para no eludir la pregunta, sé que algún día escribiré algo sobre fantasía oscura. Vengo del rol, así que parece blanco y en botella.

 

 

¿Tienes algún lugar especial donde te gusta escribir o donde sientes más inspiración?

 

No especialmente. Lo que necesito es tener ganas de hacerlo y de escribir lo que quiero. El lugar está en mi interior.

 

 

¿Hay alguna manía o costumbre curiosa que tengas al escribir o leer?

 

Una muy rara: entro en fase de apnea. Esto me viene de la ilustración y, especialmente, del tiempo en el que fui tatuador. Necesitas mantener la respiración para tener mejor pulso y esto, de algún modo, se ha quedado grabado en mí como sinónimo de «estar concentrado».

 

 

¿Eres más de escribir de día o de noche?

 

Antes era de noche. Ahora escribo más por las mañanas. Lo que he descubierto es que prefiero el silencio y la tranquilidad, sin importar la hora.

 

 

¿Eres disciplinado o caótico al trabajar?

 

Intento ser disciplinado, pero te mentiría si te dijese que me propongo escribir un número de horas diarias y las cumplo a rajatabla. Algún día lo conseguiré... o eso espero.

 

 

¿Eres más lector o escritor?

 

Me da vergüenza decirlo, pero he acabado siendo más escritor que lector. Ser escritor, como ser músico, puede llegar a ser muy frustrante, porque dejas de leer u oír música para disfrutar y comienzas a hacerlo para analizar. Aun así, sigo leyendo mucho, pero especialmente para informarme sobre lo que quiero escribir.

 

 

¿Qué crees que necesita una historia para atrapar al lector desde el principio?

 

Personajes atractivos y diversificar la trama. Para mí, narrar un acontecimiento de manera lineal, olvidando cómo afecta o qué otras tramas lo rodean, es matar la historia. Hay que sembrar la intriga, ir añadiendo pequeños giros que alimenten a los personajes. Eso es lo que te hace querer seguir leyendo.

 

 

¿Qué esperas que tus lectores se lleven de tus libros?

 

Que disfruten del viaje. Eso es lo más importante. Pero, si además de cerrar el libro sienten que algo se ha movido por dentro —una duda, una incomodidad, una pregunta que no estaba antes—, entonces la historia habrá cumplido su función.

 

 

¿Cuál es tu recuerdo más antiguo relacionado con los libros o la lectura?

 

Como todo crío, leí Las fábulas de Esopo, libros de Elige tu propia aventura o de Barco de vapor... pero ninguno me enganchaba. Me parecían historias muy estúpidas, muy simples. Sin embargo, mi primer recuerdo de engancharme a un libro y querer leer más y más, fue con Los archivos de Salem, de Robin Cook. Lo cogí con unos doce años o así y me cambió la vida. Supongo que siempre fui un niño viejo.

 

 

¿Cómo manejas las críticas a tus libros o a tu trabajo?

 

Como te decía antes, creerse una gran crítica es casi tan malo como hacerlo con una destructiva. Yo tengo un grupo muy reducido de lectores cero; ellos saben cómo escribo y qué es lo que trato de conseguir. Y trato de no salirme de ahí, porque si tratas de contentar a todos, seguramente acabes por no contentar a nadie.

 

 

¿Quiénes son las personas que más te han apoyado en tu camino como escritor?

 

Mi mujer, mi amigo, mi madre y la editorial Ediciones T&T.

Mi esposa, porque es quien vive el proceso conmigo: lee mis textos, respeta mis silencios y ha apoyado sin fisuras este sueño.

Leonardo, porque compartimos esta locura por la literatura y nos sostenemos cuando las letras o las ilusiones flojean.

Mi madre, porque fue la primera en creer en mí.

Y Luis y Toño, de Ediciones T&T, porque apostaron por mí sin referencias ni garantías.

 

 

¿Cuál es tu peor miedo como escritor?

 

Que mis obras resulten indiferentes. Un simple pasatiempo sin profundidad ni contenido.

 

 

¿Alguna vez sentiste que querías dejar de escribir? ¿Qué te hizo continuar?

 

Sí, cuando perdí la ilusión. Y tengo que decir que ahí fueron mi mujer y mi amigo Leo quienes me dieron una patada en el culo para seguir y Ediciones T&T los que confirmaron que tenían razón.

 

 

¿Qué tipo de legado te gustaría dejar como autor?

 

Me gustaría que se me recordase por hacer algo más que contar historias. Que se entienda que hay muchas más capas en mis novelas. Que hay más complejidad de lo que se ve a simple vista y que hay mensaje y reflexión. Aunque, bueno, supongo que en realidad lo que busco es lo que buscamos todos: que nos recuerden cuando nos hayamos ido.

 

 

¿Qué le dirías hoy al «tú» del pasado que apenas comenzaba a escribir?

 

No le diría nada. Le dejaría que se equivocase del mismo modo para que pueda aprender lo que hoy sé.

 

 

¿Qué consejo le darías a alguien que quiere comenzar a escribir, pero no sabe por dónde empezar?

 

Que no escriba a lo loco. Que se organice y aprenda el proceso. Una casa no se edifica sin ton ni son, sino que tiene unos pasos a seguir. Olvidar eso, que parece tan obvio, nos ha privado de más carreras literarias que las malas críticas.

 

 

De todo lo que has escrito, ¿tienes alguna novela o personajes preferidos?

 

Me quedo con Camila, una de las protagonistas de mi primera novela. Una mujer rota, por dentro y por fuera, pero con la fuerza interior de un titán.

 

 

Y para acabar. ¿Quién es realmente Sebastián G. Sancho?

 

Un señor con bigote y con cara de antiguo. Ya en serio, un tipo tranquilo, de carácter calmado, pero a la vez apasionado y repleto de inquietudes; contradictorio en muchos aspectos, de ideas abiertas, pero, a la vez, de convicciones claras. Y, yéndome a lo puramente terrenal, un apasionado de la música, la literatura, el amor y la amistad.

 

 

Muchas gracias por tu presencia en «La voz detrás de la pluma». Ha sido un honor poder conocerte un poquito mejor.

 

 

Entrevista hecha por María R. Samón

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