LA VOZ DETRÁS DE LA PLUMA SEBASTIÁN
G. SANCHO
Hoy, en «La voz
detrás de la pluma», nos acompaña Sebastián G. Sancho. Bienvenido y
gracias por aceptar compartir parte de tu valioso tiempo con nosotros.
Empecemos.
¿Qué te
inspiró a convertirte en escritor?
No hubo
inspiración, sino necesidad de contar historias. Darle una salida, como válvula
de escape, a todas esas inquietudes que surgían en mi cabeza y que, sentía, no
podían morir ahí.
¿Cómo
nace una historia en tu mente? ¿Empiezas por un personaje, una idea o una
escena?
La mayoría de
las veces, por una imagen. Supongo que eso me viene de mi faceta como
ilustrador. Veo una imagen y pienso «¿Cómo ha llegado hasta ahí?». Aunque mi
otra faceta de músico también me hace encontrar inspiración en las letras y las
melodías. Sabina, por ejemplo, puede darte cien por cada una de sus canciones.
¿Qué
parte del proceso creativo disfrutas más y cuál menos?
La que más, al
contrario que la mayoría, es la reescritura. Soy de ir mucho al detalle y esa
es la parte del proceso que te permite serlo. Y, por contra, y por lógica, la
que menos es la página en blanco por los mismos motivos. Soy así de raro.
¿Cómo
manejas el bloqueo del escritor cuando aparece?
Pues aún estoy
en proceso de aprender a manejarlo. Pero hablar ayuda mucho. Suelo hacerlo
mucho con otro amigo escritor, Leonardo Jiménez, y con mi esposa. Les cuento mi
idea, mi inquietud, las propuestas... y, por regla general, sus aportaciones me
ayudan a salir del bloqueo.
¿Cuál ha
sido el mayor reto que has enfrentado como escritor?
Perder la
ilusión. Los premios literarios son un arma de doble filo: pueden encumbrarte o
hundirte y hacerte pensar que no vales para eso. Y eso es un error enorme. Hay
que andarse con ojo, porque incluso encumbrándote, pueden hacerte llegar a
creer que eres mejor de lo que realmente eres. Los halagos son casi tan
peligrosos como los palos.
¿Qué
libro o autor ha influido más en tu estilo literario?
No solo uno.
Pero si tuviera que elegir, sería Carlos Ruiz Zafón. Soy ilustrador, y él tenía
una manera maravillosa de describir los paisajes, casi como si fuesen una
acuarela. Y mantenía un ritmo perfecto sin perder un ápice de esa prosa
preciosista de antaño y que tanto me apasiona. Es que era un genio.
¿Cómo fue
la experiencia de publicar tu primer libro?
Pues sufrí,
literalmente, una catarsis; de repente, me quité un peso de encima por algo tan
simple, y a la vez tan complejo, como dejar una pequeña huella en el mundo a
través del tiempo.
¿Hay
algún género que te gustaría explorar en el futuro y que aún no has intentado?
Me da un poco
de rabia eso de las etiquetas, porque mis obras siempre se sustentarán del
suspense y el terror psicológico, pero eso es algo que cabe en cualquier
género, si lo piensas. Pero, para no eludir la pregunta, sé que algún día
escribiré algo sobre fantasía oscura. Vengo del rol, así que parece blanco y en
botella.
¿Tienes
algún lugar especial donde te gusta escribir o donde sientes más inspiración?
No
especialmente. Lo que necesito es tener ganas de hacerlo y de escribir lo que
quiero. El lugar está en mi interior.
¿Hay
alguna manía o costumbre curiosa que tengas al escribir o leer?
Una
muy rara: entro en fase de apnea. Esto me viene de la ilustración y,
especialmente, del tiempo en el que fui tatuador. Necesitas mantener la
respiración para tener mejor pulso y esto, de algún modo, se ha quedado grabado
en mí como sinónimo de «estar concentrado».
¿Eres más
de escribir de día o de noche?
Antes era de
noche. Ahora escribo más por las mañanas. Lo que he descubierto es que prefiero
el silencio y la tranquilidad, sin importar la hora.
¿Eres
disciplinado o caótico al trabajar?
Intento
ser disciplinado, pero te mentiría si te dijese que me propongo escribir un
número de horas diarias y las cumplo a rajatabla. Algún día lo conseguiré... o
eso espero.
¿Eres más
lector o escritor?
Me da vergüenza
decirlo, pero he acabado siendo más escritor que lector. Ser escritor, como ser
músico, puede llegar a ser muy frustrante, porque dejas de leer u oír música
para disfrutar y comienzas a hacerlo para analizar. Aun así, sigo leyendo
mucho, pero especialmente para informarme sobre lo que quiero escribir.
¿Qué
crees que necesita una historia para atrapar al lector desde el principio?
Personajes
atractivos y diversificar la trama. Para mí, narrar un acontecimiento de manera
lineal, olvidando cómo afecta o qué otras tramas lo rodean, es matar la
historia. Hay que sembrar la intriga, ir añadiendo pequeños giros que alimenten
a los personajes. Eso es lo que te hace querer seguir leyendo.
¿Qué
esperas que tus lectores se lleven de tus libros?
Que disfruten
del viaje. Eso es lo más importante. Pero, si además de cerrar el libro sienten
que algo se ha movido por dentro —una duda, una incomodidad, una pregunta que
no estaba antes—, entonces la historia habrá cumplido su función.
¿Cuál es
tu recuerdo más antiguo relacionado con los libros o la lectura?
Como todo crío,
leí Las fábulas de Esopo, libros de Elige tu propia aventura o de Barco
de vapor... pero ninguno me enganchaba. Me parecían historias muy estúpidas,
muy simples. Sin embargo, mi primer recuerdo de engancharme a un libro y querer
leer más y más, fue con Los archivos de Salem, de Robin Cook. Lo cogí
con unos doce años o así y me cambió la vida. Supongo que siempre fui un niño
viejo.
¿Cómo
manejas las críticas a tus libros o a tu trabajo?
Como te decía
antes, creerse una gran crítica es casi tan malo como hacerlo con una
destructiva. Yo tengo un grupo muy reducido de lectores cero; ellos saben cómo
escribo y qué es lo que trato de conseguir. Y trato de no salirme de ahí,
porque si tratas de contentar a todos, seguramente acabes por no contentar a
nadie.
¿Quiénes
son las personas que más te han apoyado en tu camino como escritor?
Mi mujer, mi
amigo, mi madre y la editorial Ediciones T&T.
Mi esposa,
porque es quien vive el proceso conmigo: lee mis textos, respeta mis silencios
y ha apoyado sin fisuras este sueño.
Leonardo,
porque compartimos esta locura por la literatura y nos sostenemos cuando las
letras o las ilusiones flojean.
Mi madre,
porque fue la primera en creer en mí.
Y Luis y Toño,
de Ediciones T&T, porque apostaron por mí sin referencias ni garantías.
¿Cuál es
tu peor miedo como escritor?
Que mis obras
resulten indiferentes. Un simple pasatiempo sin profundidad ni contenido.
¿Alguna
vez sentiste que querías dejar de escribir? ¿Qué te hizo continuar?
Sí, cuando
perdí la ilusión. Y tengo que decir que ahí fueron mi mujer y mi amigo Leo
quienes me dieron una patada en el culo para seguir y Ediciones T&T los que
confirmaron que tenían razón.
¿Qué tipo
de legado te gustaría dejar como autor?
Me gustaría que
se me recordase por hacer algo más que contar historias. Que se entienda que
hay muchas más capas en mis novelas. Que hay más complejidad de lo que se ve a
simple vista y que hay mensaje y reflexión. Aunque, bueno, supongo que en
realidad lo que busco es lo que buscamos todos: que nos recuerden cuando nos
hayamos ido.
¿Qué le
dirías hoy al «tú» del pasado que apenas comenzaba a escribir?
No
le diría nada. Le dejaría que se equivocase del mismo modo para que pueda
aprender lo que hoy sé.
¿Qué
consejo le darías a alguien que quiere comenzar a escribir, pero no sabe por
dónde empezar?
Que
no escriba a lo loco. Que se organice y aprenda el proceso. Una casa no se
edifica sin ton ni son, sino que tiene unos pasos a seguir. Olvidar eso, que
parece tan obvio, nos ha privado de más carreras literarias que las malas
críticas.
De todo
lo que has escrito, ¿tienes alguna novela o personajes preferidos?
Me
quedo con Camila, una de las protagonistas de mi primera novela. Una mujer
rota, por dentro y por fuera, pero con la fuerza interior de un titán.
Y para
acabar. ¿Quién es realmente Sebastián G. Sancho?
Un señor con
bigote y con cara de antiguo. Ya en serio, un tipo tranquilo, de carácter calmado,
pero a la vez apasionado y repleto de inquietudes; contradictorio en muchos
aspectos, de ideas abiertas, pero, a la vez, de convicciones claras. Y, yéndome
a lo puramente terrenal, un apasionado de la música, la literatura, el amor y
la amistad.
Muchas
gracias por tu presencia en «La voz detrás de la pluma». Ha sido un honor poder
conocerte un poquito mejor.
Entrevista
hecha por María R. Samón

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