LA VOZ DETRÁS DE LA PLUMA: VÍCTOR FERNÁNDEZ CORREAS
Hoy, en «La voz detrás de la pluma», nos acompaña Víctor Fernández Correas, escritor de novela histórica y experto en Carlos V. Bienvenido y gracias por aceptar compartir parte de tu valioso tiempo con nosotros. Empecemos.
¿Qué te
inspiró a convertirte en escritor?
Escritor,
escritor... me considero autor, que ya es bastante. Y lo de escribir viene por
la inquietud e ilusión de dar salida a todas esas historias y personajes que
tenía en la cabeza fruto de lecturas de todo tipo: novelas, ensayos, etcétera.
Podría decir que fue algo así como «a ver qué sale», y hasta la fecha han
salido cinco novelas y una sexta en camino más una inédita, y colaboraciones en
diversas antologías.
¿Cómo
nace una historia en tu mente? ¿Empiezas por un personaje, una idea o una
escena?
Lo primero que
hago es construir la historia, lo que implica conocer su circunstancia y la
época en que se desarrolla. Una vez reunida la documentación necesaria,
entonces procedo a construir los personajes tanto principales como secundarios
y los perfilo según las características que han de tener, aunque ellos mismos
se encargan de desarrollarlas a lo largo de la novela. Una vez definidos estos
pilares, entonces procedo a realizar una escala por capítulos y las escenas que
los componen, así como los personajes que intervienen en ellas.
¿Qué
parte del proceso creativo disfrutas más y cuál menos?
Todos, porque
todos son igual de importantes. Contar de entrada con una buena base documental
te permite después abordar con garantías el desarrollo de la novela, pues así
basta con buscar cosas concretas o aspectos relacionados con las escenas o
capítulos. El armazón ya está definido. En cuanto al proceso de escritura, ¡qué
decir! Me encanta «desconectar» del mundo y sumergirme en el de la novela que
tengo entre manos y vivirlo como si
fuera el mío, sentirme uno más de los personajes.
¿Cómo
manejas el bloqueo del escritor cuando aparece?
Adelanto
escenas o capítulos. Es algo que tengo claro desde que comencé a darle a la
tecla, y lo sigo cumpliendo a rajatabla. Suele ocurrirme en casos concretos, y
la novela que tengo entre manos no es una excepción, así que suelo afrontar
escenas o capítulos que vendrán después para, de esta manera, no perder el hilo
de la historia mientras se me ocurre la manera de desatascarla capítulos atrás.
¿Cuál ha
sido el mayor reto que has enfrentado como escritor?
La tribu
maldita. La labor de documentación fue brutal, pero tampoco fue menor
construir un lenguaje basado en gruñidos y sonidos guturales, tal y como
demuestran las evidencias científicas de la historia y el momento en que se
desarrolla; ni mucho menos contar una historia muy limitada —hace cerca de
450.000 años—, pues estamos hablando de homínidos, con todo lo que eso implica
y la época y mundo en el que vivían.
¿Qué
libro o autor ha influido más en tu estilo literario?
Quieras o no,
al final acabas siendo resultado de lo que has leído, y son muchos los autores,
tanto conocidos como no tanto, que me han influido con sus obras. En cuanto a
libros, acaba ocurriendo lo mismo. Por eso, cuando me preguntan por esta
cuestión, siempre cito a don Miguel Delibes, cuyas obras no solamente han
cimentado una visión concreta del mundo a la hora de escribir, sino que también
recurro a ellas cuando me atoro o, como has preguntado antes, me encuentro con
un bloqueo en un momento concreto.
¿Cómo fue
la experiencia de publicar tu primer libro?
Qué te voy a
contar... Ya el simple hecho de que una editorial como entonces La Esfera de
los Libros decidiera apostar por la primera novela que había escrito, me
pareció suficiente como para cantar aquello de felicidá, da da, con acento
en la a, que cantaba la gran Rafaella Carrà. Lo demás, lo de siempre:
visitar librerías y centros comerciales y hacer fotos sin par de lugares donde
encontraba la novela. Y siempre no dejar de sorprenderme de que esa novela la hubiera
escrito yo.
¿Hay
algún género que te gustaría explorar en el futuro y que aún no has intentado?
Quizás algún
día me anime con el género fantástico, la ciencia ficción. Esta cabecita nunca
para de pensar cosas...
¿Tienes
algún lugar especial donde te gusta escribir o donde sientes más inspiración?
Ninguno. Suelo decir que tengo gran capacidad para
abstraerme esté donde esté, así que puedo encender el portátil en cualquier
lugar y ponerme a escribir. Eso sí, suelo recurrir a música para ayudarme a
conseguir ese grado de abstracción.
¿Hay
alguna manía o costumbre curiosa que tengas al escribir o leer?
No suelo tener ninguna tara. Bastante tengo conmigo mismo 😉
¿Eres más
de escribir de día o de noche?
Me gusta
escribir de noche, pero más por motivos de horarios, pues durante el día
trabajo, así que me queda la noche para pasar un buen rato, pues antes el
teclado lo utilizo para trabajar. Si puedo, los fines de semana soy más de
escribir por la tarde, aunque algunas mañanas, si me veo con ganas, tampoco las
desperdicio.
¿Eres
disciplinado o caótico al trabajar?
Muy disciplinado. He de tenerlo todo bien amarrado y
estructurado antes de afrontar la historia que tenga entre manos. Para eso tiro
de libretas para personajes, documentación y escenas y capítulos, a las que
recurro en cada momento. Y siempre, siempre llevo encima una agenda para
apuntar todo aquello que se me vaya ocurriendo.
¿Eres más
lector o escritor?
Ambas. Soy de
la opinión de que la lectura es la gasolina que te permite recorrer kilómetros
a la hora de escribir, así que leer es fundamental para tomar ideas, ver nuevas
perspectivas o comprobar de qué manera afrontan distintos retos otros
compañeros y amigos.
¿Qué
crees que necesita una historia para atrapar al lector desde el principio?
Que la historia
sea buena y contar con unos buenos personajes que se la cuenten al lector. A
partir de ahí, caminante no hay camino...
¿Qué
esperas que tus lectores se lleven de tus libros?
Que la lectura
les haya merecido la pena y hayan pasado buenos momentos gracias a las novelas
que he escrito. No puedo aspirar a más.
¿Cuál es
tu recuerdo más antiguo relacionado con los libros o la lectura?
Un ejemplar de Los
últimos días de Pompeya, de Edward Bulwer-Lytton que había por casa y que
desde muy pequeño, y no sé por qué, me llamó la atención. Ni que decir tiene
que fue el primer libro leí. Por cierto, todavía lo conservo.
¿Cómo
manejas las críticas a tus libros o a tu trabajo?
Tienes que ser siempre
consciente de que, una vez las obras salen de tus manos, ya son propiedad del
lector, y sólo a él le corresponde decir qué le han parecido. Hace varios días,
un lector me confesó que Hambre de gloria, mi última novela, se le hizo
bola y no la pudo acabar. Estuvimos hablando un buen rato, y al acabar le di
las gracias por haberla escogido como lectura. Luego otros la ponen por las
nubes. Cada lector es un mundo y sus impresiones son libres y propias. Es quien
da sentido a este mundo, así que su opinión siempre hay que tenerla en cuenta
porque te permite tomar el pulso a las novelas que publicas.
¿Quiénes
son las personas que más te han apoyado en tu camino como escritor?
Por encima de
todas, mi pareja. No es un mundo sencillo, pues exige sacrificios, y que esté
siempre a tu lado es un respaldo que no tiene precio. Luego, la familia, que
también ayuda lo suyo. También hay amigos escritores que en su momento fueron
fundamentales para que hoy esté aquí. Si tengo que nombrar a dos, no tengo
dudas: Mario Escobar y mi tocayo Víctor del Árbol. Ellos saben por qué. Y
Carolina Molina. Hay momentos que, pase lo que pase, nunca se olvidan.
¿Cuál es
tu peor miedo como escritor?
Que no tenga
nada que contar. Ese día cerraré el chiringuito y a otra cosa, mariposa.
¿Alguna
vez sentiste que querías dejar de escribir? ¿Qué te hizo continuar?
Lo he vivido.
Hubo una época que decidí arrojar la toalla y dije hasta aquí he llegado porque
me sentía perdido y sin ganas de escribir. Fue entonces cuando esas dos primeras
personas a las que me he referido pusieron de su parte para que volviera a
tener ganas de tomar un bolígrafo y contar nuevas historias.
¿Qué tipo
de legado te gustaría dejar como autor?
Hay que ser
realista: si grandes figuras de la literatura ya están cayendo en el olvido,
por desgracia, ¿a qué legado puede aspirar un autor como yo? Me conformaría con
que, pasados los años cuando ya no esté por aquí, algún lector descubriera algo
de lo que he escrito y lo leyera. ¡Que ya es!
¿Qué le
dirías hoy al «tú» del pasado que apenas comenzaba a escribir?
¿Has visto como sí podías?
¿Qué
consejo le darías a alguien que quiere comenzar a escribir, pero no sabe por
dónde empezar?
Que lea mucho, que no deje de hacerlo; y que, si tiene
inquietud o necesidad de contar historias, que pruebe a hacerlo, que no se
quede con las ganas. Hay que intentarlo siempre, no quedarte con la duda o el
resquemor.
De todo
lo que has escrito, ¿tienes alguna novela o personajes preferidos?
Sería difícil quedarme con alguna, pero La conspiración
de Yuste es la primera novela, y siempre le guardas un cariño especial. En
cuanto a personajes, tengo uno, pero es la protagonista de una novela inédita,
y no creo que vea la luz. Es un personaje femenino que deja huella. Quienes han
leído el manuscrito me preguntan a menudo por Adelita ―su nombre es Adela Timón―,
lo que me agrada, pues veo que les dejó poso. Quien sabe...
Y para
acabar. ¿Quién es realmente Víctor Fernández Correas?
Alguien que aspira a escribir y a divertirse haciéndolo.
Muchas
gracias por tu presencia en «La voz detrás de la pluma». Ha sido un honor poder
conocerte un poquito mejor.
¡Gracias a ti!
El honor ha sido mío por permitirme la oportunidad. Y no dejes de contar
historias.
Entrevista
hecha por María R. Samón

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